Jikininki, el come hombres

Sabemos que Japón tiene una gran variedad de historias, mitos y leyendas que forman parte del folklore de su país. Son creyentes del karma (por así decirlo) y centraron sus vidas en cuidar su comportamiento en la vida, porque dependía del camino después de la muerte.

Los Jikininki son un ejemplo perfecto. Sonespíritus condenado a comerse y a odiarse por ello. C es la consecuencia de las actitudes de mala fe que ten√≠an cuando viv√≠an.

La codicia y el egoísmo fueron las principales causas de su reencarnación en Jikininki, condenados a devorar a los muertos, los objetos de valor que poseen o las ofrendas que sus familiares les dejan, para comprarlos y dejarles comer los cuerpos que cuidan por la noche.

Origen de jikininki

Aunque se confunde a menudo con los Gaki (que son seres paranormales con hambre insaciable), no son lo mismo, aunque comparten una similitud muy peque√Īa, ya que los dos se reencarnan cometiendo actos de codicia y envidia.

Los Jikininki están condenados a comerse cada una de las muertes recientes para sobrevivir, para pagar por los pecados que cometieron durante su vida. Nunca logran satisfacer su hambre y c es la característica principal de su maldición.

Está en el hecho de que c es algo a lo que se ven obligados pero que no les trae ni satisfacción ni consuelo, sólo alivia efectivamente el dolor de su hambre eterna, y c es donde se considera un castigo.

Evitan en la medida de lo posible cualquier contacto con seres humanos, por lo que suelen salir de noche y vivir en templos o lugares abandonados cerca de una ciudad o pueblo hasta que alguien muere y puede alimentarse de sus cuerpos.

Jikininki existe en un ambiente terrestre y fantasmagórico, tanto ellos como los lugares donde viven, son a menudo invisibles y parecen confiados a los viajeros sólo de noche.

Algunos eran sacerdotes que sólo actuaban por el dinero, otros eran seres humanos que, por una u otra razón, crearon un gusto por la carne humana que, con el tiempo, s continuaron comiendo, se convirtieron en estas criaturas. Se pueden difundir a través de ofrendas y recordatorios.

Apariencia de a jikininki

Muchas historias cuentan que a menudo tienen la apariencia de cada vértebra en descomposición, bastante humana, pero con dientes afilados para desgarrar más fácilmente la carne y los huesos humanos recién fallecidos, garras largas y afiladas, ojos hinchados y brillantes. Tienen la capacidad de transformarse en humanos normales cuando quieren.

La leyenda de Muso

Hay una historia del folclore japonés, contada por el escritor, periodista y traductor Patrick Lafcadio Hearn (1850-1904), quien publicó en sus libros historias de mitología japonesa.

Esto cuenta la historia de un sacerdote Zen llamado Muso Kokushi, que cruz√≥ una provincia de Mino y se perdi√≥ sin nadie que lo guiara. Camin√≥ mucho tiempo y cuando estaba a punto de perder la esperanza, vio una peque√Īa ermita en la cima de una colina.

Estaba habitado por un monje que le negó la vivienda tratándolo muy brutalmente, pero le mostró el camino que le llevaría a una aldea. Afortunadamente para Muso, fue bien recibido en el pueblo.

Le dieron una habitaci√≥n para que pudiera descansar, agotado por poco tiempo reconciliando el sue√Īo, pero a medianoche se despert√≥ a causa de los sollozos en la habitaci√≥n de al lado, deslizando las puertas, un joven lo salud√≥ con un respeto embarazoso y le dijo:

Ayer, yo era sólo el mayor de los hijos, porque acababas de llegar y habías sido derrotado por el cansancio, no queríamos molestarte anunciando que mi padre había muerto hacía apenas unas horas.

Luego, el joven le dijo que pronto todos saldrían del lugar porque no se les permitió estar en la aldea la noche en que alguien murió, porque hubo eventos adicionales y paranormales.

Le propuso que se fuera con él y con los del pueblo, y le aseguró que sería bienvenido, pero el joven le dijo que como sacerdote no le temería a los fantasmas ni a los demonios y que no le preocupaba que el $ pudiera quedarse en la casa.

Hora de Jikininki

El sacerdote aceptó y mostró su gratitud y sus condolencias, también mencionó que sabía que iba a cumplir con sus deberes sacerdotales, y se ofreció a hacerlo tan pronto como todos se hubieran ido y permanecieran con el cuerpo.

Las palabras del sacerdote parecían alegrar al joven y mostrarle su gratitud, quien de nuevo dijo que se le había prohibido quedarse en el pueblo, por lo que tuvo que prometer que cuidaría de él e informaría de todo lo que había sucedido al día siguiente.

Cuando todos se fueron, el sacerdote recitó las oraciones correspondientes, celebró las ceremonias febriles y entró en meditación. Pero en medio de la noche, apareció una criatura que le privó del movimiento y del habla.

Vio como la forma tomaba el cuerpo y lo devoraba con gran habilidad y rapidez, comenzando por la cabeza, luego el pecho, y así sucesivamente hasta que se comió todo el cuerpo del difunto que acababa de morir.

Las ofrendas también se comieron y desaparecieron en la oscuridad de la noche de tan pronto como habían llegado.

A la ma√Īana siguiente, cuando todos llegaron y encontraron al sacerdote ileso, se sintieron aliviados y no muy sorprendidos por el relato de la desaparici√≥n del hombre muerto.

Muso pregunt√≥ si el monje de la colina no estaba prestando sus servicios, a lo que los sorprendidos habitantes respondieron que hace muchos a√Īos no hab√≠a monjes en la aldea.

El sacerdote sorprendido decidió visitar al monje que lo había guiado el día anterior, cuando llegó el monje, parecía muy avergonzado de explicarle que por sus acciones en la vida, se había reencarnado en un Jikininki, y tuvo que devorar a todos como había presenciado esa noche.

Le ruego al sacerdote que haga un sacrificio de Ségaki para liberarlo de este terrible destino. El sacerdote sy se conforma y, al hacerlo, desaparece con la ermita, dejando una antigua tumba frente a √©l.

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