Amida

Amida Buda, considerado el más grande de los dioses japoneses, protector de las almas mortales, soberano y padre de todos aquellos que tienen la dicha de disfrutar de las delicias del paraíso budista.

Amida

Conocido como el mediador y la esperanza de la humanidad, es el dios al que todo japonés se dirige en el momento de la muerte, porque su intercesión absorbe cualquier carencia de almas y las hace merecedoras de la felicidad eterna.

Origen

Su nombre deriva del antiguo sánscrito Amitabha, cuyo significado es ser una fuente inconmensurable de vida y luz.

Se cree que Amitabha fue una vez en este mundo o quizás en otro mundo un monje llamadoDharmakāra, que fue un rey que renunció a su trono para convertirse en un Buda y tomar posesión de buddhakṣhetra (mundo de otro universo fuera del espacio-tiempo que puede ser alcanzado por el mérito de a Buda).

Sin duda, la secta de la tierra pura es el Buda más importante, derivado de una de las principales ramas del budismo en Asia Oriental.

Según sus devotos, posee innumerables distinciones por sus acciones benéficas en vidas pasadas como el ser de suprema sabiduría.

Personificación

Amidapersonifica la dimensión espiritual y esotérica del niño no nacido, no creado y sin forma, que debe ser entendido como un medio para experimentar esta dimensión trascendental de la verdadera naturaleza humana.

Además, señala que la entidad sobrenatural que cuida a quienes lo rodean e impregna de su fuerza para despertarlos a la realidad y llevarlos al estado máximo de felicidad budista, el nirvana.

Al mismo tiempo, es responsable de ofrecer su amor y compasión, lo que ayuda a la eterna liberación espiritual de los seguidores del budismo.

Características

Pertenece al uno de los cinco Budas eternos de Japón y para salvar a los mortales del horrible infierno, fue encarnado por el fundador del Budismo Sakiamuni.

Además, tiene un templo increíble en Yedo que se muestra en un caballo de siete cabezas, lo que significa siete mil años.

Su cuerpo refleja el color del sol naciente y, sentado en una posición meditativa, sostiene el cuenco del mendigo lleno del lélixir de vida y sabiduría.

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